Hay algo fascinante en la trayectoria de Miley Cyrus: nunca se acomoda. Cuando el mundo cree que ya entendió su fórmula, ella decide sacudirse el apellido —ahora firma simplemente como Miley—, cambia de sello discográfico (dejando atrás Columbia para unirse a Atlantic) y patea el tablero con un nuevo lanzamiento.

Su décimo álbum de estudio, Bass Persuades, ya está entre nosotros y, la verdad, nos deja material de sobra para debatir. ¿Estamos ante otra de sus grandes genialidades camaleónicas o frente a un proyecto que se quedó a mitad de camino?

El álbum juega a dos puntas de manera constante. Por un lado, amaga con ser un disco puramente de dance electrónico nocturno, con guiños directos al sonido de Confessions on a Dance Floor de Madonna o texturas euro-pop, pero rápidamente frena los motores para meterse de lleno en terrenos de baladas suaves y medios tiempos de corte confesional.

Detrás de las perillas hay nombres pesados como Shawn Everett y Dave Fridmann (conocidos por imprimir identidades colosales y texturas muy cuidadas). Sin embargo, el disco opta por sacudones inesperados: canciones como «Aftermath» intentan fusionar una estructura de balada íntima con una percusión electrónica pesada y rítmica que a veces genera un contraste desconcertante.

Luces y sombras de una era guiada por el instinto

Desde el primer impacto con el sencillo homónimo, el disco prometía una revolución de pista de baile: sintetizadores oscuros, una línea de bajo imposible de ignorar y esa actitud desfachatada que tan bien le sienta. Sin embargo, al sentarnos a escuchar los 10 temas que componen sus apenas 37 minutos de duración, la experiencia musical toma desvíos inesperados.

La dualidad sonora: El álbum oscila constantemente entre la urgencia nocturna del dance-pop y la vulnerabilidad más absoluta de las baladas acústicas o de medio tiempo.

Los aciertos conceptuales: Temas como «Different Religion» (junto a la banda Model/Actriz) y la visceral «Innocent Ways» muestran a una Miley arriesgada, coqueteando con texturas alternativas y oscuras que funcionan de maravilla.

El debate del riesgo: Por otro lado, canciones como Let’s Get Married o Orbit bajan drásticamente las revoluciones. Si bien revelan una faceta sumamente honesta sobre la estabilidad emocional y su relación con Maxx Morando, a momentos la transición se siente un poco desarticulada.

Personalmente, siento que Bass Persuades sufre un poco del síndrome de la «expectativa vs. realidad». Quienes esperábamos una continuidad directa del riesgo sónico de etapas anteriores o un disco estrictamente enfocado en la electrónica nocturna que prometía el sencillo principal, podemos quedarnos con ganas de un poco más de cohesión.

Aun así, es imposible no aplaudir la honestidad brutal de Miley. En una industria plagada de fórmulas hipercalculadas, ella prefiere entregar un álbum honesto, rápido y visceral antes que sobrepensar cada lanzamiento. No es su disco más redondo, pero sí el reflejo genuino de una artista que, después de dos décadas de carrera, hace exactamente lo que se le da la gana.

Con su inminente llegada al Hollywood Bowl en octubre, estas canciones prometen cobrar una dimensión completamente distinta en vivo.

Escrito por

Rocío Benitez

Locutora y periodista argentina de radio y televisión. Me especializo en música.
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